30% de los estudiantes que no gatearon de bebés, ingresa al colegio con fallas de coordinación motora

La falta de integración en el equipo formado por maestros y terapeutas para los niños que cursan estudios con trastornos del desarrollo y/o los antecedentes de la primera infancia como el desarrollo o ausencia del gateo pueden ser fundamentales dentro del rendimiento académico del estudiante. Incluso, puede afectar en el desarrollo de los procesos comunes del niño como: correr con coordinación alterna de brazos y piernas, reconocer derecha e izquierda y órdenes cruzadas, saltar de manera coordinada, contar con los dedos, escribir y colorear, o presentar habilidades que generen independencia como abotonarse camisas y bajar cierres y amarrar trenzas de zapatos, entre otras.

Rusdeiba Agelvis, directora del Centro Terapias del Desarrollo y especialista en trastornos, asegura que –del 100% de la población estudiantil sin diagnósticos­- 30% cursa estudios con fallas de coordinación y 60% de los que presentan diagnósticos asociados presentan inmadurez en la coordinación motora. Para reducir estas cifras, es importante que los padres entiendan la importancia de estimulación del gateo y marcha sin el uso de andaderas.

Ronald González, experto en rehabilitación física, señala: “El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas. El gateo desarrolla el patrón cruzado, que es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal en equilibrio del cuerpo humano”. Es por eso que, al gatear, se tonifican adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para poder ponerse de pie. En cambio, la andadera acelera un movimiento similar al de la marcha que sólo fomenta que el niño logre caminar sin apoyos fallando en el aprendizaje natural de la marcha. Los bebés que van en andadera no ven sus piernas mientras “caminan”, lo que altera la relación del niño con el espacio, tensando los músculos de las piernas porque suelen hacer los pasos con las puntas de los pies.

Los terapeutas ocupacionales, quienes celebran su día en Venezuela el 14 de enero de cada año, ayudan a estimular el sistema vestibular y propioceptivo a través del gateo en edades tempranas. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo del niño, enfocar la mirada en el suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente. “Este es un potencial ejercicio muscular para los ojos y es tal su importancia que, según estudios de oftalmólogos, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños” resalta Agelvis.

El gateo también estimula el tacto, ya que el niño siente con la planta de su mano todo aquello que está viendo. Esto impacta el proceso de escritura en el colegio, pues podrá ver la pizarra sin tener que ver dónde está escribiendo. Al masajear la palma de la mano, el cerebro recibe información de dónde está. Cuando el niño gatea soporta la tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas, de manera que así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.

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